Yogadarshana

El misterio de la meditación: por Dinu Roman

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INDICE

 

Antes de empezar

Etapas en la meditación

 

Dharana - Concentración Mental

La mente puede escoger

Definiendo el concepto

La teoría de la percepción del yoga

La mente es movimiento

Centramiento intencional

¡No fuerce!

El estado ideal

Como empezar

No hacer nada

Aprender a percibir

Todo comienzo es difícil

Domar la mente

Dhyana - El estado de meditación

El láser mental

Superimposición dinámica

El principio básico

Uno conduce a otro

Como empezar

El auténtico objetivo

 

Samadhi - Identificación gozosa

Perderse a si mismo

El triángulo de la meditación

El triángulo se absorbe en un punto

Samyama – la absorción meditativa

Contemplar la película

Una nueva forma de conocer

Unas notas sobre el estado de samyama

 

Meditación en la vida diaria

 

 

Dhyana – el estado de meditación

 

"Dhyana (meditación per se) es el flujo continuado de procesos mentales hacia el objeto (de meditación)".

Yoga Sutra III.2 [1] (consultar http://www.abserver.es/yogadarshana/3-02.htm)

 

"Dhyana es un flujo continuado de reflexión (es decir, “como en un espejo”) con respecto a la realidad esencial del objeto (de meditación)”.

Ratnatika, (texto tántrico)

 

El láser mental

 

Dhyana es un flujo de la mente sin esfuerzo, dirigido espontáneamente hacia el objeto. Dhyana (meditación) es un proceso dinámico: mientras sucede, los procesos mentales (pensamientos, ideas, etc.) giran alrededor del objeto de meditación, efectuando asociaciones libres relacionadas solo con ese objeto concreto. Durante la meditación la actividad de la mente logra una tremenda intensidad dinámica y, eventualmente, se convierte en algo similar a un rayo láser de pensamiento concentrado.

 

“Un intelecto inquebrantable, una mente impasible que no puede distraerse con nada y que se halla libre del pensamiento discursivo —esto es, el estado de dhyana. Esta adoración es idéntica a la absorción (en Shiva) que nace del ardor místico”.

Texto tántrico

 

Superimposición dinámica

 

Dhyana (meditación) se superimpone sobre dharana (concentración mental). En otras palabras, la concentración mental permanece durante todo el período de meditación. El propósito de tal concentración es “mantener el objeto delante del ojo mental”, por así decir; se trata de un proceso estático. La meditación tiene lugar a un nivel mental elevado e implica cierta dinámica de la mente.

 

El principio básico

 

Hay una ley mental que dice que si un pensamiento prevalece, todos los demás pensamientos tenderán gradualmente a someterse ante el dominante. Este es el principio básico de la meditación. El pensamiento dominante esta creado por la concentración y el movimiento de la mente alrededor de ese pensamiento concreto es la meditación.

 

Uno conduce a otro

 

La concentración y la meditación, aunque parecen muy próximas, sin embargo son fenómenos distintos. Si logras una buena concentración, ella te conducirá de forma automática a la meditación, porque en yoga cada paso, cuando se ejecuta perfectamente, proporciona la clave para el siguiente. No fuerces, no intentes acelerar el proceso de pasar de la concentración a la meditación. Surgirá de forma natural tras un cierto periodo de práctica. Recuerda que el genio posee una paciencia infinita.

 

Se por tanto paciente y te convertirá en un genio a través de la práctica de la meditación. Comparativamente, la mente es como una persona en sueño profundo; la concentración es empezar a despertarla y la meditación es despertarla completamente y ponerla a funcionar.

 

 

Como empezar

 

1. El primer paso en dhyana (meditación) es dharana (concentración mental). Durante algún tiempo, este será el único paso que podrás dar para meditar. A través de la paciencia y de la práctica incesante, descubrirás de forma gradual por medio de la experiencia personal como iniciar y liberar el siguiente paso. Ten esto en cuenta: a un nivel profundo, nadie puede realmente ayudarte a meditar, excepto tu mismo, aplicando la información tradicional revelada sobre este asunto.

 

2. El siguiente paso es éste: mientras se mantiene el estado mental de dharana (concentración), sal de él y permite que tus pensamientos  se muevan con libertad con objeto de hacer conexiones y asociaciones. No creas que debes hacer algo para ello: solo permanece mentalmente alerta y se consciente de la transición espontánea y sin esfuerzo de la quieta reflexión (dharana) al pensamiento dinámico (dhyana).

 

Descubrirás ahora que tu mente no salta ya al azar sino que, a un nivel inferior, dharana (concentración) se mantendrá casi sin esfuerzo y, a un nivel superior, los pensamientos empezarán a moverse solo alrededor del objeto. Esto es dhyana (meditación).

 

Al principio, probablemente no durará mucho el movimiento de la mente alrededor del objeto. Los pensamientos empezarán a moverse sobre el objeto en destellos, luego cesarán, permaneciendo solo la concentración. Tras un tiempo, se sucederán nuevos destellos de pensamiento; después cesarán, y así sucesivamente. Esto es lo normal al comienzo. Esto significa que tu mente adormilada comienza a despertar y cae de nuevo en el sueño. Tras algún tiempo de práctica, los periodos de movimiento mental se volverán más y más largos, llegando finalmente a un movimiento mental continuado. Entonces alcanzarás el auténtico estado de meditación (dhyana).

 

Es preciso aquí ser consciente de que ese “movimiento”, en este contexto, tiene un connotación especial. Generalmente, cuando pensamos sobre algo que se mueve, lo concebimos como un movimiento en el tiempo. Esto no es cierto en el caso del movimiento mental meditativo; lo que sucede en realidad es un destello de conciencia que no tiene lugar en el tiempo, porque es una manifestación de la simultaneidad intemporal de la conciencia.

 

Meditación es vivir AQUÍ y AHORA; es una tremenda experiencia con un poder ilimitado que puede cambiar tu vida completamente y dar un nuevo curso a tu destino. La meditación es un estado de conciencia superior y, por tanto, no puede comprenderse completamente mientras no sea experimentado

 

El auténtico objetivo

 

Ten en cuenta esta importante cuestión: meditar no quiere decir relajar el cuerpo, curar enfermedades o liberarse de la fatiga o el estrés, como algunos “meditadores” pregonan. Es perfectamente cierto que la meditación puede conseguir todo esto e incluso mucho más, más allá de la imaginación más exacerbada, pero solo como un efecto secundario. El auténtico objetivo de la meditación es alcanzar conocimiento, comprensión y sabiduría. El genuino objetivo es la gnosis (en griego, “conocimiento”) que no es un simple conocimiento de las cosas, sino más bien una penetración espiritual en su naturaleza esencial.

 

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